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13 de enero de 2026

La tragedia venezolana: soberanía sin ruptura con el capital

El domingo 11 de enero de 2026, La Izquierda Diario, en su habitual semanario Ideas de izquierda, publicó un artículo donde se aborda el ataque de Trump a Venezuela, secuestrando a su presidente y la primera dama. El artículo analiza la crisis multidimensional en Venezuela, caracterizándola como el resultado de la convergencia entre la agresiva ofensiva imperial reaccionaria liderada por Estados Unidos y el agotamiento del modelo chavista. El articulo sostiene que, ante el autoritarismo del gobierno de Maduro y la injerencia extranjera que busca el control de los recursos, la única salida efectiva reside en una lucha antiimperialista e independiente de la clase obrera a nivel continental, que rechace tanto el tutelaje externo como la gestión de la actual burocracia estatal.  Cómo hemos planteado en entradas anteriores, la defensa de la independencia de clases es indispensable frente al fracaso del 'socialismo del siglo XXI' y la intervención de los Estados Unidos. En este texto, abordaremos las posiciones del artículo desde la concepción materialista de Marx y su teoría del valor.

En este artículo dominical, La Izquierda Diario incurre en una desviación recurrente dentro de ciertos enfoques de la izquierda denominados 'movimentistas': la personalización del capital. Al sostener que el imperialismo persigue un 'control directo', el texto desplaza el eje explicativo desde las determinaciones objetivas de la ley del valor hacia el plano de la voluntad política de los Estados y sus aparatos de poder. Este enfoque —marcadamente subjetivista o voluntarista— trata al capital como si fuera un sujeto con deseos propios, en lugar de una relación social regida por leyes impersonales como la búsqueda de plusvalía. En última instancia, este desplazamiento implica una lectura que tiende a autonomizar la esfera política respecto de las relaciones sociales de producción que la fundamentan.

Desde la perspectiva desarrollada por Marx en El Capital, el valor de las mercancías —incluido el petróleo venezolano— no se determina ni en el Palacio de Miraflores ni en la Casa Blanca, sino por el Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario (TTSN) requerido para su producción bajo las condiciones técnicas medias vigentes a escala mundial (Marx, 1867/2008, t. I, cap. I). El mercado mundial no constituye un espacio externo o posterior a la producción nacional, sino la instancia en la cual el trabajo privado se valida socialmente como parte del trabajo social total. En palabras de Marx, «solo en el mercado mundial adquiere el trabajo privado el carácter de trabajo socia»(Marx, 1867/2008, t. I, cap. III).

En este marco, la competencia no opera como una simple relación entre capitales individuales, sino como el mecanismo mediante el cual las leyes inmanentes del modo de producción capitalista se imponen "como leyes coercitivas externas" sobre los productores y los Estados nacionales (Marx, 1867/2008, t. I, cap. X). La competencia generalizada tiende a igualar las condiciones de valorización, sancionando a aquellas formaciones sociales cuya productividad del trabajo se sitúa por debajo de la media internacional mediante la transferencia de valor, la desvalorización del capital y la subordinación creciente a los capitales más productivos (Marx, 1894/2009, t. III, cap. X).

Asimismo, Marx subraya que el desarrollo del mercado mundial es inseparable de la expansión del capital como relación social dominante, afirmando que «la tendencia a crear el mercado mundial está directamente dada en el concepto mismo de capital» (Marx, 1857-1858/2007, Grundrisse). En este sentido, las presiones externas que suelen describirse como "agresiones imperialistas" deben ser comprendidas como manifestaciones concretas de la dinámica objetiva de la acumulación capitalista a escala mundial, y no como desviaciones voluntaristas atribuibles a decisiones políticas aisladas.

El artículo incurre asimismo en una omisión significativa al no señalar que el Estado chavista, incluso durante su etapa de mayor retórica de "rebeldía", operó fundamentalmente como un comité de administración de los negocios comunes de la burguesía —incluida una nueva fracción burocrática estatal, la denominada boliburguesia—, cuya función central fue garantizar las condiciones generales para la extracción de plusvalía y su realización en el mercado mundial. Tal como plantea Marx, el Estado moderno no se sitúa por encima de las clases sociales, sino que expresa, bajo formas específicas, las relaciones de dominación propias del modo de producción capitalista (Marx & Engels, 1848/2004). En este sentido, la apelación a la "soberanía" presente en el texto remite a una categoría jurídico-moral que tiende a ocultar la subordinación efectiva del trabajo al capital y la inserción dependiente de la economía venezolana en la división internacional del trabajo.

Cuando el artículo afirma que "la catástrofe social es producto de la combinación de las sanciones y la gestión burocrática del gobierno", introduce una separación analítica problemática entre la "gestión" estatal y las condiciones estructurales de producción y valorización del capital. Este enfoque disocia los resultados sociales de la dinámica objetiva de la acumulación capitalista, reduciendo la crisis a un conjunto de decisiones administrativas contingentes. Desde una perspectiva materialista rigurosa, la "catástrofe" no puede ser interpretada como un simple error de gestión, sino como el resultado necesario de intentar reproducir una economía capitalista dependiente sin una base suficiente de valorización interna del capital.

Como señala Marx, allí donde el proceso de acumulación se ve obstaculizado por límites estructurales —baja productividad del trabajo, dependencia tecnológica y subordinación al mercado mundial—, el Estado no puede revertir dichas determinaciones mediante la voluntad política o la administración burocrática, sino que se limita a gestionar sus consecuencias sociales (Marx, 1867/2008, t. I; Marx, 1894/2009, t. III). En este marco, las sanciones externas operan como factores que agravan contradicciones preexistentes, pero no constituyen la causa última de la descomposición social, la cual se inscribe en las leyes internas del modo de producción capitalista dependiente.

Cuando el valor de la fuerza de trabajo en Venezuela se desploma, ello no puede explicarse únicamente por la acción de la "burocracia"sino por la necesidad objetiva del capital de imponer una desvalorización masiva con el fin de restaurar la tasa de ganancia. Al omitir el análisis de las mediaciones económicas mediante las cuales el chavismo preservó las formas fundamentales de la producción mercantil —la mercancía, el dinero y el salario—, La Izquierda Diario termina formulando una crítica que se aproxima más a una propuesta de "gestión obrera del capitalismo" que a una perspectiva orientada a la abolición del sistema de trabajo asalariado.

La ilusión de la "soberanía" frente a la dictadura del mercado mundial, resulta necesario profundizar en el modo en que la teoría del valor de Marx despoja al concepto de "soberanía nacional" de su aura romántica, revelándolo como una categoría jurídico-política que entra en contradicción sistemática con la realidad económica del capital global. Lejos de constituir un espacio autónomo de autodeterminación popular, la soberanía aparece, desde este enfoque, como una forma específica de mediación estatal de las leyes del capital.

La ilusión de la "soberanía" frente a la dictadura del mercado mundial.

La soberanía como forma jurídica del capital nacional

El artículo de La Izquierda Diario sostiene que el núcleo del conflicto reside en un supuesto "ataque imperialista a la soberanía de Venezuela". Sin embargo, desde una perspectiva marxista fundada en la teoría del valor, la "soberanía" no constituye un ámbito de libertad para la clase trabajadora, sino el marco jurídico-político dentro del cual el Estado burgués garantiza las condiciones generales para la acumulación de capital.

Marx explica en El capital que el intercambio de mercancías presupone que sus poseedores se reconozcan recíprocamente como propietarios privados, dotados de voluntad jurídica (Marx, 1867/2008, t. I, cap. II). El Estado nacional emerge así como el garante de este orden jurídico, asegurando la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. En consecuencia, cuando el artículo defiende la "soberanía" frente al imperialismo, termina defendiendo —frecuentemente de manera involuntaria— la envoltura jurídica burguesa que hace posible la explotación de la fuerza de trabajo venezolana por capitales tanto estatales como privados.

Desde este punto de vista, la soberanía no se opone al capital, sino que constituye una de sus formas políticas necesarias en el marco del sistema de Estados nacionales que organiza el mercado mundial.

El mercado mundial y la determinación del valor

El error analítico central del enfoque del artículo radica en ignorar que el valor es una categoría social determinada por el Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario (TTSN) a escala internacional, y no por decisiones políticas nacionales.

La ilusión de la autonomía: El chavismo intentó establecer precios internos administrados y regímenes de tipo de cambio fijo bajo la premisa de que la voluntad política —invocada como "soberanía" — podía determinar el valor de las mercancías y del dinero al margen del mercado mundial.

La realidad de la ley del valor: Marx demuestra que el valor se impone "a espaldas de los productores" y con independencia de su conciencia o de los objetivos declarados del Estado (Marx, 1867/2008, t. I, cap. I). Cuando la productividad del trabajo en una formación social es inferior a la media mundial, dicha economía se ve obligada a intercambiar una mayor cantidad de trabajo nacional por una menor cantidad de trabajo extranjero, lo que se traduce en transferencia de valor, presión sobre los salarios y desvalorización de la fuerza de trabajo.

En este sentido, el mercado mundial actúa como la instancia efectiva de validación social del trabajo, subordinando las economías nacionales a una lógica que no reconoce fronteras jurídicas ni discursos soberanistas. La denominada "dictadura del mercado mundial" no es una metáfora política, sino la expresión concreta del dominio del capital social global sobre los capitales particulares y los Estados que los representan.

El Estado, la burocracia y la ilusion del "capitalismo con rostro popular"

El Estado como forma politica de dominacion de clase, una de las principales limitaciones del enfoque desarrollado por La izquierda Diario reside en su comprension del Estado como un instrumento potencialmente neutral, susceptible de ser reorientado mediante una "mejor gestion" o una correlacion de fuerzas favorable a la clase obrera. Desde nuestra perspectiva materialista basada en la ley del valor consideramos, el Estado no constituye un simple aparato tecnico-administrativo ni un terreno vacio de disputa, sino una forma historica especifica de organizacion del poder politico correspondiente al modo de produccion capitalista. 

Marx subraya que el Estado moderno surge como condensación de las relaciones sociales de producción dominantes y actúa como garante de las condiciones generales de la acumulación de capital (Marx, 1867/2008; Marx, 1894/2009). Su función esencial no es la satisfacción de las necesidades sociales, sino la reproducción del trabajo asalariado, la propiedad privada de los medios de producción y el orden jurídico que permite la valorización del capital. En este marco, las políticas estatales, incluso aquellas revestidas de un lenguaje "popular" o "antiimperialista"se encuentran estructuralmente condicionadas por las exigencias del proceso de acumulación.

La burocracia como fracción funcional del capital

El artículo tiende a presentar a la burocracia como una desviación contingente o una deformación moral del proyecto chavista. Sin embargo, esta caracterización oscurece el carácter estructural de la burocracia estatal como una fracción específica vinculada a la gestión del capital social nacional. Lejos de constituir un cuerpo parasitario externo al sistema, la burocracia cumple un papel activo en la administración de las contradicciones del capital, mediando entre las exigencias del mercado mundial y la reproducción de la fuerza de trabajo en el plano interno.

Como señala Marx en su análisis del Estado y de la administración pública, la expansión de la burocracia no es el resultado de una patología política - izquierdista o derechista -, sino una consecuencia del desarrollo de las funciones del Estado en una sociedad atravesada por antagonismos de clase irreconciliables. En contextos de crisis, la burocracia no elimina dichas contradicciones, sino que las gestiona, frecuentemente mediante mecanismos de coerción económica, disciplinamiento salarial y control social.

En el caso venezolano, la emergencia de una nueva burocracia estatal —frecuentemente presentada como "revolucionaria" — no alteró las relaciones sociales fundamentales, sino que se integró como una fracción que participa de la apropiación de plusvalía y de la redistribución del excedente en el marco de una economía rentística y dependiente.

La ilusión del "capitalismo con rostro popular"

La noción implícita de un "capitalismo con rostro popular", presente tanto en el discurso chavista como en ciertas lecturas críticas progresistas o  nacionalistas- estatistas que lo reducen a un problema de gestión, expresa una incomprensión profunda de las leyes del modo de producción capitalista. Esta ilusión se basa en la creencia de que es posible conservar las formas fundamentales del capital —mercancía, dinero, salario y Estado— y, al mismo tiempo, neutralizar sus efectos sociales mediante políticas redistributivas, controles administrativos o apelaciones a la soberanía nacional.

Sin embargo, como demuestra Marx, la explotación no es un resultado accidental de una mala administración, sino una relación social inscrita en la forma misma del trabajo asalariado (Marx, 1867/2008, t. I, cap. VI). Mientras la fuerza de trabajo se presente como mercancía y el proceso productivo esté orientado a la valorización del valor, cualquier intento de humanizar el capitalismo se verá obligado a reproducir, bajo nuevas formas y circunstancias, la misma lógica de explotación y dominación.

En este sentido, el fracaso del proyecto chavista no puede explicarse únicamente por la presión externa o por los errores de una burocracia corrupta, sino por el intento de conciliar intereses antagónicos: la acumulación de capital y la emancipación del trabajo. La pretensión de un capitalismo regulado, soberano y socialmente justo choca inevitablemente con las determinaciones objetivas del mercado mundial y la competencia capitalista.

Estado fuerte, trabajo débil

Lejos de fortalecer a la clase trabajadora, la expansión del aparato estatal en el marco de una economía capitalista dependiente o atrasada tiende a reforzar los mecanismos de subordinación del trabajo. El Estado "fuerte" se convierte, en estas condiciones, en el instrumento mediante el cual se impone la disciplina del capital allí donde el mercado no logra hacerlo de manera espontánea. Congelamiento salarial, flexibilización encubierta, monetización regresiva y control de la protesta social aparecen así como expresiones necesarias de la función estatal en contextos de crisis de valorización.

Desde esta perspectiva, la oposición entre "Estado fuerte"  y "neoliberalismo" resulta engañosa. Ambos representan formas distintas —pero complementarias— de la dominación capitalista, adaptadas a diferentes fases del ciclo de acumulación. La crítica marxista no puede, por lo tanto, limitarse a elegir entre modelos de gestión estatal, sino que debe apuntar a la superación de las relaciones sociales que hacen necesario al Estado como garante de la explotación.

La desvalorización de la fuerza de trabajo: el salario por debajo de su valor

En la teoría de Marx, el salario constituye la forma transfigurada del valor de la fuerza de trabajo. Dicho valor está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir los medios de subsistencia indispensables para la reproducción del obrero como trabajador asalariado, es decir, para la reposición de su capacidad de trabajo (Marx, 1867/2008, t. I, cap. VI). Este componente del capital se expresa en la categoría de capital variable (v).

La pulverización del capital variable (v)

El artículo de La Izquierda Diario señala que el gobierno ha "pulverizado el salario", pero omite explicar la mecánica económica subyacente a este proceso. En el caso venezolano, el capital ha logrado imponer una situación que Marx describe como excepcional, aunque plenamente compatible con las leyes del capitalismo: la reducción sistemática del precio de la fuerza de trabajo por debajo de su valor.

Si el valor de la fuerza de trabajo está dado por el conjunto de bienes necesarios para la recuperación física y social del obrero —alimentación, vivienda, salud, transporte—, y si el salario mínimo efectivo llegó a situarse por debajo de los 5 dólares mensuales, nos encontramos ante un proceso de extracción de plusvalía que se apoya directamente en la degradación material del proletariado. En estas condiciones, la reproducción normal de la fuerza de trabajo queda comprometida, y el salario deja incluso de cumplir su función mínima dentro del sistema capitalista.

Mientras el artículo atribuye este fenómeno principalmente a la "gestión burocrática", una crítica fundada en la teoría del valor permite comprender que dicha burocracia ha operado como un capitalista colectivo. Ante la imposibilidad estructural de elevar la productividad del trabajo —y, por lo tanto, de incrementar la plusvalía relativa—, el Estado recurrió crecientemente a mecanismos de plusvalía absoluta y de superexplotación, prolongando y profundizando la extracción de trabajo excedente.

El aumento de la tasa de plusvalía (s’)

La tasa de plusvalía se expresa como la relación entre la plusvalía (s) y el capital variable (v):

En el caso venezolano, la tendencia a la reducción extrema de v implica que la tasa de explotación (s') tiende, teóricamente, al infinito. Incluso en un contexto de caída de la producción total —es decir, de crisis de valorización—, la proporción de la jornada laboral que el trabajador dedica a reproducir el equivalente de su salario se reduce a una fracción mínima del tiempo de trabajo total. El resto de la jornada, siempre que existan insumos y condiciones mínimas de producción, se convierte en trabajo excedente apropiado por el Estado o por el capital privado.

Tiempo de trabajo necesario y tiempo de trabajo excedente

El artículo de La Izquierda Diario denuncia la "asfixia de la iniciativa de las masas". Desde una perspectiva marxista, esta formulación resulta imprecisa y debe ser reformulada: el Estado venezolano ha extendido el tiempo de trabajo excedente no solo en el ámbito de la producción directa, sino también en la esfera de la reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo.

Trabajo no remunerado de circulación: cuando el obrero debe dedicar varias horas diarias a hacer filas para acceder a alimentos subsidiados, transporte o servicios básicos, está realizando un trabajo indispensable para la reproducción de su fuerza de trabajo que ya no es cubierto por el salario. Este tiempo, aunque no figure como jornada laboral formal, constituye una extensión material del tiempo de trabajo necesario desplazado fuera de la relación salarial.

Desvalorización técnica del trabajo: Marx señala que cuando la maquinaria y el capital constante (c) son técnicamente obsoletos, el tiempo de trabajo individual requerido para producir una mercancía se incrementa. En el caso venezolano, esto implica que el tiempo de trabajo del obrero supera ampliamente el Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario (TTSN) vigente a escala mundial, lo que invalida socialmente dicho trabajo en el mercado internacional.

Bloqueo, mercado mundial y desvalorización del capital

Cuando el artículo afirma que "el imperialismo bloquea las cuentas del país, impidiendo la compra de alimentos y medicinas", presenta el fenómeno como una agresión puramente política. Sin embargo, el bloqueo constituye la expresión política de un proceso económico más profundo: el capital internacional se niega a reconocer el trabajo venezolano como valor socialmente válido, en la medida en que no puede completarse el ciclo de valorización D – M – D’.

Lejos de tratarse de una anomalía moral o de una conspiración externa, esta "desconexión" responde a la lógica del capital global, que excluye de los circuitos de financiación, crédito y comercio a aquellas unidades productivas que ya no garantizan una tasa de ganancia atractiva. El artículo victimiza al Estado venezolano, cuando en realidad el mercado mundial simplemente sanciona a una economía caracterizada por una baja composición orgánica del capital, una productividad insuficiente y una incapacidad estructural para valorizar capital a escala internacional.

El capital ficticio y la deuda como succión de valor

En el tomo III de El capital, Marx analiza el capital ficticio como un conjunto de títulos de propiedad —bonos, acciones, deuda pública— que otorgan derecho a una porción de la plusvalía futura sin representar directamente capital productivo en funcionamiento (Marx, 1894/2009, t. III, caps. XXV y XXIX). Estos títulos no son valor en sí mismos, sino derechos de apropiación sobre valor aún no producido, cuya existencia descansa en la expectativa de valorización futura.

El artículo de La Izquierda Diario menciona el peso de la deuda externa, pero no examina su función específica dentro de la dinámica de acumulación capitalista. Desde la perspectiva de la teoría del valor, la política del chavismo consistente en honrar el pago de la deuda mediante la renta petrolera implicó una transferencia sistemática de valor ya producido —trabajo muerto cristalizado en petróleo extraído— a cambio de capital ficticio internacional. En lugar de constituir una política de "defensa nacional", esta práctica reforzó la subordinación de la economía venezolana a los circuitos financieros globales.

En términos marxistas, el pago de la deuda no representa una relación entre Estados soberanos, sino una relación social de clase mediada por el capital financiero, en la cual el trabajo social venezolano es absorbido por acreedores que reclaman una parte de la plusvalía futura sin intervenir en el proceso productivo. La deuda opera así como un mecanismo de succión de valor, profundizando la dependencia y restringiendo las posibilidades de reproducción ampliada del capital a escala nacional.

Desde este ángulo, la "lucha antiimperialista" formulada en el artículo resulta conceptualmente incompleta, en la medida en que no cuestiona la forma-dinero ni las relaciones sociales que hacen posibles estas transferencias de valor. Mientras Venezuela continúe midiendo su "riqueza" en dólares o en el valor de cambio del petróleo en el mercado mundial, permanecerá sometida a la ley del valor, con independencia del discurso soberanista del gobierno o de las consignas de movilización promovidas por la izquierda movimentista.

En ausencia de una crítica radical a las formas fundamentales del capital —dinero, mercancía, salario y crédito—, el antiimperialismo queda reducido a una posición moral o retórica que no altera los mecanismos reales de dominación del capital financiero internacional.

El imperialismo: ¿ataque externo o necesidad de la ley del valor?

En este capítulo se analiza la afirmación del artículo según la cual "el imperialismo busca el control directo de los recursos y la disciplina de un Estado díscolo", confrontándola con la teoría marxista de la exportación de capitales y con la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

El imperialismo como fase superior de la valorización

Para Marx, el fenomeno que hoy llama la izquierda imperialismo no es una opcion politica de Estados beligerantes, sino la necesidad intrinseca del capital de romper sus fronteras nacionales para contrarrestar la caida de su tasa de ganancia. El error del articulo reside en analizar el conflicto bajo la categoria idealista de confrontación entre "soberanía" y "dominación externa", cuando en realidad se trata de una disputa estructural por la apropiación de plusvalía extraordinaria, cuando se trata de una necesidad estructural del modo de produccion capitalista: la expansion del mercado mundial y la busquedad de nuevas fuentes de materias primas y fuerza de trabajo para garantizar la acumulacion. No es una disputa por la dominacion politica, per se, sino una lucha por la valorizacion del capital y la captura de plusvalia a escala global. 

Al hablar de "ataque imperialista", el texto sugiere implícitamente que, bajo condiciones políticas distintas —por ejemplo, con un imperialismo "más democrático" —, la relación entre Estados Unidos y Venezuela podría adoptar otra forma. Desde la teoría del valor, esta hipótesis resulta insostenible. El imperialismo debe intervenir en Venezuela no por razones morales o ideológicas, sino porque el capital, enfrentado a procesos de sobreacumulación en los centros desarrollados, necesita imperiosamente nuevos espacios de valorización, acceso a materias primas y mecanismos de transferencia de valor.

Exportación de capitales y bloqueo

El artículo coloca un énfasis casi exclusivo en las sanciones y el bloqueo económico. Sin embargo, desde la economía política marxista, el bloqueo debe ser comprendido como la negación del reconocimiento del valor.

La desconexión del valor: El imperialismo no actúa únicamente bloqueando buques o cuentas bancarias, sino retirando capitales cuando la explotación deja de ser rentable. La salida de empresas transnacionales de Venezuela expresa el reconocimiento de que la composición orgánica del capital (c/v) en el país es tan desfavorable que no permite alcanzar la tasa media de ganancia mundial.

El capital no tiene patria: El artículo menciona el avance de Rusia y China, tendiendo a presentarlos como actores "alternativos". Sin embargo, una crítica basada en la teoría del valor muestra que el capital chino o ruso extrae plusvalía de la misma forma que el capital estadounidense. El imperialismo no es un país ni una bandera: es el movimiento del capital en busca de condiciones óptimas de valorización, orientado a transformar valores de uso en mercancías al menor costo posible.

La consigna de la "lucha antiimperialista continental"

La consigna que cierra el artículo —"la perspectiva de una lucha antiimperialista continental" —  constituye, desde la teoría del valor, uno de sus puntos más débiles.

La trampa del mercado mundial: Una "lucha continental" que no rompa con la producción de mercancías está estructuralmente condenada al fracaso. Si los países de la región se articulan políticamente pero continúan compitiendo entre sí para exportar materias primas al mercado mundial, la ley del valor los enfrentará inevitablemente mediante diferenciales de productividad, salarios y tipos de cambio.

Unidad de clase versus unidad nacional: El artículo propone una unidad contra el "imperialismo" - pero Marx advierte que el proletariado no tiene patria. La auténtica lucha antiimperialista no consiste en defender Estados nacionales "soberanos", sino en destruir las relaciones sociales de producción capitalistas que hacen posible la existencia del imperialismo como forma histórica del capital.

La renta petrolera en la cadena de valorización

El artículo aborda el petróleo como una "riqueza nacional". Sin embargo, desde el tomo III de El Capital, el petróleo debe ser comprendido como una fuente de renta diferencial del suelo.

Cuando el texto denuncia "el saqueo de nuestras riquezas por parte de las transnacionales", introduce una categoría moral y jurídica que oscurece el fenómeno económico real. El imperialismo no "roba": captura renta. Dicha renta no es producida por el trabajo en Venezuela, sino por el trabajo de la clase obrera mundial, y se cristaliza en el precio internacional del barril.

El chavismo, al intentar retener esta renta para financiar su aparato estatal burocrático, entró en conflicto con las petroleras por el reparto del botín de plusvalor, no por la emancipación del trabajo ni por la superación de las relaciones capitalistas.

El programa de la "salida obrera"  frente a la dictadura del valor

En esta sección se aborda la propuesta política central del artículo de La Izquierda Diario. Mientras el texto plantea una "salida obrera y popular" basada en un programa de reivindicaciones urgentes, una crítica marxista rigurosa debe interrogarse si es posible una "salida" dentro de los márgenes de la ley del valor, o si se trata simplemente de una gestión democrática de la miseria capitalista.

El límite del "programa de emergencia" 

El artículo propone medidas como el aumento de salarios, el control de precios y la nacionalización de la banca. Desde la teoría del valor, estas son medidas que operan en la esfera de la distribución, no en la de la producción.

Marx critica en el Programa de Gotha la idea de que el problema fundamental del capitalismo radique en una distribución injusta. Mientras el modo de producción siga basado en el valor de cambio y el trabajo asalariado, cualquier aumento salarial impuesto por decreto chocará con la tasa de ganancia.

Si la "salida obrera" no implica la destrucción de la forma mercancía, el control obrero de las fábricas corre el riesgo de convertirse en la gestión de unidades productivas quebradas, obligadas a competir en un mercado mundial hostil. En ese escenario, los propios trabajadores se verían empujados a autoexplotarse para reducir costos y poder realizar sus productos.

Nacionalización de la banca y del comercio exterior

La consigna de "nacionalización de la banca y del comercio exterior bajo control obrero" busca impedir la fuga de capitales y el acaparamiento. Sin embargo, analizada desde la crítica del capital ficticio desarrollada en el tomo III de El Capital, incurre en un especie de fetichismo de la banca.

El dinero no es un simple instrumento neutral controlado por burócratas o banqueros, sino la forma desarrollada del trabajo social abstracto. Nacionalizar la banca sin abolir el dinero implica, en los hechos, colocar a los trabajadores en la tarea de administrar la escasez de divisas, la deuda y la subordinación al mercado mundial.

Venezuela no es una isla. El comercio exterior está determinado por los precios de producción internacionales. Un "control obrero del comercio exterior" seguiría enfrentándose a la realidad de que el petróleo venezolano vale lo que dicta el tiempo de trabajo socialmente necesario validado en los principales centros del capital mundial.

El peligro del "socialismo de circulación" 

El artículo incurre en lo que Marx denominaba un "socialismo de circulación": la creencia de que el problema del capitalismo reside en los bancos, los precios o el imperialismo, y no en la producción de plusvalía.

Al proponer que los trabajadores tomen el control para "hacer funcionar el país", el texto corre el riesgo de convertir al proletariado en el gestor de un sistema que ha entrado en una crisis estructural de valorización. Desde la teoría del valor, la tarea histórica del proletariado no es administrar el capital de forma "justa", sino interrumpir la producción de valor y reorganizar la producción en función de valores de uso socialmente necesarios.

Conclusiones

El análisis de La Izquierda Diario, aunque valioso en su denuncia del imperialismo y de la burocracia chavista, permanece en la superficie de la política sin penetrar en las determinaciones de la economía política. Venezuela no es la víctima de un "ataque" contingente, sino el escenario en el que la ley del valor ha desplegado una de sus formas más brutales: la destrucción de una formación social que ha dejado de ser rentable para el capital global. La "salida obrera" no puede consistir en la reconstrucción de un capitalismo nacional bajo control de los trabajadores, sino en un proceso de ruptura orientado a la socialización de los medios de producción y de la vida social, mediante la abolición del salario, del dinero y de la forma mercancía.

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Referencias bibliográficas

Marx, K. (2008). El capital. Crítica de la economía política. Tomo I. México: Siglo XXI.

Marx, K. (2009). El Capital. Crítica de la economía política. Tomo III. México: Siglo XXI. 

Marx, K. (2004). Crítica del Programa de Gotha. Buenos Aires: Ediciones Luxemburg. 

Marx, K., & Engels, F. (2004). Manifiesto del Partido Comunista. Buenos Aires: Ediciones Luxemburg.